El modelo “Open Compute” ha supuesto una vuelta completa en las realciones entre fabrivcantes de hardware y sus potenciales cleites. Asñi, Facebook, como antes hicera Google, ha optado por definir los requisitos de hardware de sus equipos.
El consumo de los centros de datos de compañías como Facebook, cuya actividad está completamente volcada en la red, supone una de las mayores inversiones que pueden tener las grandes compañías que operan en Internet. En este sentido, Facebook, hace un par de años ya que optara por la especificación denominada “Open Compute” para estos centros de datos. Una apuesta que prescinde del modelo OEM, propia de fabricantes de equipos originales de macas específicas, como los de Dell o HP, para pasar al denominado ODM, donde es el diseño y no el fabricante lo que importa.

Facebook, sigue la estela de Google, a la hora de crear una serie de especificaciones propias al margen de los modelos más o menos estructurados de los fabricantes de hardware, para fijar una plataforma de desarrollo propio a partir de la que optimizar recursos y orientarlos hacia sus necesidades y requisitos concretos. El modelo Open Compute, dota a la compañía de una independencia absoluta, al no depender de ningún proveedor concreto, dado que el hardware puede ser montado por cualquier fabricante, usualmente chino o taiwanés.
El fabricar mediante especificaciones independientes, prescindiendo de todas las capas administrativas de los fabricantes y de todo el hardware y recursos que no se necesitan, le ha permitido que su nuevo centro de datos sueco, en Luleå, sea uno de los más eficientes tanto energéticamente como en procesado de peticiones de usuario. Curiosamente, Facebook no virtualiza sus servidores, al emplear por completo sus recursos dado que la modularidad y la velocidad de interconexión son los `parámetros base de sus especificaciones.
Con el modelo Open Compute, la compañía propietaria de la mayor red social del mundo ha conseguido dar la vuelta al modelo de diseño y venta de componentes, para poner a los fabricantes a su servicio imponiendo las especificaciones que necesita y la forma en que quiere que se conecten unos componentes que ofrecen una independencia tecnológica completa.
En perspectiva, volvemos a ver cómo otra de las grandes compañías de internet, prescinde de los grandes líder mercado de la década precedente para seguir los pasos de compañías como Google oAmazon, para hacerse con el control de su propio ecosistema global, en todos los puntos del proceso de su negocio. Los pasos que estas compañías dan, a pesar de comenzar desde puntos diferentes les llevan a una convergencia en su modelo final de negocio. Así Amazon está en este momento anunciando el salto al Smartphone, Apple crea su nube propia y Google asienta su tienda con una extensión hacia el mercado audiovisual.
Via | Ars Technica, Open Compute
Las patentes se han convertido en un instrumento empresarial para el freno tecnológico de la competencia.
La carrera por registrar elementos fundamentales de dispositivos tecnológicos ha llevado a ciertas compañías a rozar lo risible.
La guerra de patentes supone ya un auténtico lastre a la investigación tecnológica que amenaza con dejar el terreno sólo en manos de grandes monopolios.

Los tiempos más recientes nos han mostrado una constante y recurrente aparición de las patentes como elemento de disputa entre grandes empresas tecnológicas. Ser poseedor de ciertos registros básicos han sido, de este modo, elemento clave en una carrera en la que las buenas formas no son la norma. La acumulación de títulos y las prácticas monopolistas, están minando la capacidad real de desarrollar productos innovadores que no estén bajo el paraguas legal de las grandes corporaciones y sus «carteras de patentes».
En el terreno de la competencia de las grandes compañías por hacerse con el predominio de nuevos mercados, las patentes tecnológicas y especialmente, las patentes de software, han pasado de ser un elemento propio de I+D, a convertirse en un instrumento jurídico, que puede emplearse para la obstrucción a la competencia, el bloqueo comercial de productos y desarrollos, amparándose en la supuesta autoría intelectual que el registro previo otorga.
La misma Google, confirma que a lo largo de 2012 ha dedicado más ingresos en la defensa jurídica y el litigio a propósito de disputas por patentes que en la propia adquisición de estas y el gasto en investigación y desarrollo.
Mientras tanto, conocemos absurdas incitativas como la de Microsoft, con su nueva página denominada Patent tracker , en la que nos lista su base de datos de patentes, una suerte de aviso a navegantes disfrazado de transparencia, por si infringimos alguna de sus 40.785 patentes registradas de forma global.
La guerra de las patentes
El caso más paradigmático de empleo de las patentes para mantener el predomino comercial y socavar la competencia, podría ser la disputa de Apple contra Samsung,que nos ubica fácilmente en los términos se dilucidan las diferencias. Curiosamente, estos días, la compañía de la manzana mordida parece que vuelve a la carga contra la surcoreana, caso que esta apele la sentencia, tras la reducción de su cuantía original de 1049 millones de dólares a 450, por parte de la juez Lucy Koh, tras confirmar el uso de seis de las siete patentes reclamadas inicialmente.
La importancia de los dispositivos móviles, en esta ultima oleada de gadgets que se abren a la ventana de la red de redes nos lo puede indicar el informe de la consultora Chetan Sharma, que proyecta que para este año el 25% de todas las patentes lo serán para aspectos relacionados con los dispositivos móviles. Curiosamente, es Samsung, la gran empresa con mas patentes otorgadas en EEUU.
En esta alocada carrera, muchas empresas se han agrupado para hacerse con los despojos de otras, venidas a menos, como el caso de Kodak y su masiva venta de patentes a un consorcio de doce grandes empresas, Apple, RIM, Samsung, Google, Adobe Systems, HTC, Facebook, Fujigilm, Huawei, Amazon, Shutterfly y Microsoft, con la controvertida Intellectual Ventures, una firma cuya principal actividad parece ser la gestión de patentes. Lo curioso, en esta ocasión, es ver cómo se pudieron conjugar los intereses de compañías en abierto conflicto con los de todo un experto en la «gestión» de derechos.
A pesar de este panorama, aparecen algunas noticias alentadoras como la que señala cómo Google, permitirá que se disponga de patentes de su titularidad, con la condición de que no sean atribuidas para software privativo. De este modo se alienta a la comunidad Open Source , a que mantenga viva la iniciativa creadora, de la que la propia Google, solo pensemos en Android, es la primera beneficiaria.

Trolls de las patentes
Con esta denominación, se han definido a ciertas compañías dedicadas, casi, si no completamente, al registro de patentes para su reventa o el litigio. La actual vorágine de demandas está llevando a una situación compleja a la judicatura que, aunque no pueda, rechazar los términos de los litigios, impulsados por auténticos expertos en la demanda, son perfectamente conscientes de que está jugando un papel diferente al de su función formal.
Especialmente en EEUU, estas compañías son capaces de impulsar campañas de acoso en las que llevar a la extenuación económica a gran cantidad de empresas de dimensiones modestas. El freno efectivo a la innovación comienza a hacerse visible. Conscientes del problema, comienzan a abrirse camino iniciativas para poner ciertos límites a la situación y determinar las medidas oportunas para distinguir entre la reclamación legítima y la práctica más o menos espuria.
El congresista Peter DeFazio, ha encabezado una propuesta de ley denominada SHIELD para limitar las prácticas de los denominados Trolls de las patentes, que pretende modificar, para volver a presentarla en el congreso estadounidense. Entre las medidas que pretende llevar adelante, la de que los gastos del trámite judicial de la demanda por infracción de patentes sea sufragado, desde su inicio por el demandante, si no es el inventor la está explotando realmente o son organismos de investigación, como las universidades. Aunque la matización es loable, puede que no sea completamente efectiva para los habituales del litigio.
Esta proposición de ley, hace una clara distinción entre patentes de software y otras, como las farmacéuticas, cuyo lobbie queda bien resguardado al ser excluido de la iniciativa. A pesar de ello, es el comienzo para solventar una situación que empieza a lastrar a la industria.
Suzanne Michel, abogado de patentes de Google, asegura que los Trolls de patentes constituyen en la actualidad el 61% de todos los litigios sobre la titularidad de diversos aspectos tecnológicos, con unos costes legales directos anuales de 29.000 millones de Dólares.
A pesar de estos datos y de la posibilidad de «limitar» la acción jurídica de estos, el mayor problema proviene de las propias compañías que, de forma recurrente, caen en espirales de demandas a propósito de la propiedad de ciertas ideas y tecnologías. Es por ello que varias propuestas de «armisticio» comienzan a abrirse camino entre los principales actores.
Patentes Abstractas
Para hacer frente al acoso que estas patentes ocasionan a cualquier innovación, un grupo de destacadas empresas tecnológicas, se unirían el pasado mes de diciembre para tratar de poner límite a estas prácticas. En concreto, serían Google, Facebook, Zynga, Intuit, Rackspace, Homeaway, y Red Hat, las que inscribieran en la Corte Federal de Apelaciones de Estados Unidos un recurso conjunto en contra del registro de patentes abstractas.
El caso más claro y ejemplarizador que estas compañías adujeran para anular y suspender el registro de patentes de este estilo sería la denominada “Patente Steve Job“ , referente al uso de pantallas multitáctiles y los gestos inherentes a su uso, que finalmente , fuera rechazada por la oficina de patentes norteamericana.
Aceptar ese tipo de restricciones supondría, de hecho, bloquear totalmente cualquier competencia. Su falta de definición es usada conscientemente para que los gabinetes jurídicos de las grandes propietarias de patentes, enfanguen a la competencia en largos procesos, para mejorar su posición de mercado, paralizando campañas y productos temporalmente.
Efectivamente, la amenaza de querella funciona como elemento de disuasión para cualquier investigador o desarrollador, sobre todo para trabajadores independientes o pequeñas empresas, que no cuentan con un gabinete jurídico que los respalde o están fuera de las prácticas lobistas.
Asimismo, a lo largo del texto, en el que se detallan multitud de patentes de este estilo, llegan a la conclusión de que registrar una idea es mucho más fácil que su desarrollo efectivo y concreto. Así, acusan que muchas de estas patentes son registradas como freno deliberado a la competencia, a veces con la sola intención de entorpecer el desarrollo de nuevos productos. En el mismo texto, sugieren que una moratoria en este tipo de registros sería la medida más razonable dado el paisaje judicial que se ha dibujado en los últimos tiempos.
La propia Judicatura estadounidense, hastiada del asunto, comienza a poner un poco de cordura al respecto, denegando ciertos registros, como el que pretendiera hacerse con la titularidad de algoritmos matemáticos para el calculo.
Crítica al sistema de patentes
Son cada vez más voces las que claman por la desaparición de las patentes en general, y las patentes de software más concretamente. El uso espurio de estas y lo oportuno de su misma existencia, comienza a ser cuestionado precisamente en el ámbito de la investigación. Lejos de la I+D, la organización actual de sistema de patentes, es visto cada vez más como un freno a la consecución de objetivos tangibles. La ventaja comparativa de investigar primero en un terreno determinado no parece ser suficiente para los que comercian con la inventiva, sin ejercerla ni implementarla en lo concreto.
La experiencia nos ha indicado que, este juego de las patentes, solo beneficia a los que cuentan con grandes recursos y pueden dedicar parte de estos a mantener disputas abiertas constantes. Mientras tanto, la iniciativa autónoma se enfrenta a un bloqueo de facto, imposible de sortear de no ser bajo la «tutela» de «las grandes». Esta perversión de un sistema inicialmente no edificado para esto, está provocando que la ampliación de los monopolios se acreciente, mediante una espiral en la los consumidores, ciudadanos e investigadores son los principales perjudicados.
El pasado 20 de diciembre, se cumplían dos años del rechazo de ACTA por la Unión Europea. Para muchos, un aspecto más del mismo problema, la injerencia cada vez mayor de ciertos grupos de interés para orientar el terreno legislativo a favor de sus intereses comerciales. La movilización ciudadana a través de las redes sociales consiguió difundir el rechazo generalizado a esta iniciativa y hacer cambiar la dirección del voto de muchos eurodiputados, ya influenciados en dirección opuesta por los lobbies. Quizás sea tiempo de que la crítica al sistema actual de patentes se abra camino y un equilibrio más real y justo entre la autoría de una investigación, su propiedad y el bien común, puedan entrar a valorarse en una medida más ponderada.
Casos de espionaje y legislaciones que criminalizan usos de internet y tratan a la ciudadanía como potencial sospechosa han conseguido abrir el debate sobre el empleo de nuestros datos y la privacidad.
Tomar el control de nuestros datos y la forma en la que estos circulan se ha convertido no solo en una práctica saludable sino en toda una suerte de activismo, dadas las circunstancias.

Piratas, terroristas y pedófilos acechan en la red de redes y para protegernos debemos ceder cualquier resquicio de intimidad, cualquier atisbo de lo privado en la red. Las fuerzas coercitivas avanzan so excusa de la seguridad. El viejo argumentario del enemigo externo, convenientemente trasfigurado en terror y degradación, nos conduce al adocenamiento, al consentir tácito. Creo que nadie se ha parado a pensar que si realmente nos dedicáramos a dichas actividades nos cuidaríamos bien de no hacerlas públicas, de establecer mecanismos de ocultación efectivos. Precisamente algo en lo que los hoy «enemigos» son expertos.
La edad de la inocencia para ciudadanos y usuarios de internet ha terminado. Los recientes acontecimientos han disparado la intranquilidad entre la ciudadanía sobre todo entre los usuarios de redes sociales y servicios de grandes compañías norteamericanas a raíz del nuevo escándalo de espionaje, con el sistema PRISM y las recopilación de metadatos telefónicos por parte de la NSA como su mayor ejemplo.
Las sucesivas legislaciones surgidas al calor de la “lucha contra el terrorismo” en EEUU, se ha modificado de forma recurrente la vieja FISA (Foreign Intelligence Surveillance Act ) de 1978, hasta dejar el camino expedito a estas agencias de espionaje. Ni Europa ni España quedan fuera de este escenario, por mucho compromiso legislativo formal que se alegue.
En esta ocasión ha sido el espionaje directo y concreto revelado por una fuente de información como Snowden, pero no se trata de un caso aislado. Si trazamos una dirección hacia la que han apuntado todas las leyes o tentativas legales de los últimos tiempos no resultaría difícil conocer la hoja de ruta del poder ,más cercano al lobby privado que al interés general expresado democráticamente. La ensalada de acrónimos desde ACTA, pasando por CISPA, TAFTA, y tantas otras no deja lugar a dudas. Todos entramos en la categoría de sospechosos de una supuesta piratería y nuestra opinión, que no es delito en occidente, nos puede hacer ingresar en la del potencial delincuente, cuando no terrorista. Por supuesto cualquier actividad de protesta o activismo, aunque solo sea expresada en redes sociales y círculos no abiertos, puede resultar suficiente para ingresar en esas listas no declaradas de «disidentes».
Ya en otras ocasiones he apuntado sobre la tesis de que delincuentes, grandes compañías y agencias estatales de inteligencia convergen en su forma de operar respecto a la ciudadanía. Creo que entra por tanto dentro de nuestras responsabilidades protegernos de igual manera que hacemos respecto a otras agresiones, tomar una actitud proactiva y mantener vigilante nuestra capacidad críitica y de análisis tambíen en el terreno tecnológico.
Renunciar a lo fácil a cambio de libertad
Hasta ahora muchos servicios de internet nos han conducido a la nube con una multitud de ventajas y facilidades por las que hemos cedido cada vez más una fracción de nuestra vida cotidiana. Un dato de geoposición, una preferencia personal, un inocente “me gusta”, han ido configurando el gran Big Data mediante el que ya no solo somos parte de un negocio sino sospechosos potenciales de un cada vez más amplio “perfil delictivo preventivo”.
Ochenta y seis organizaciones, fundaciones y empresas relacionadas con internet se han posicionado en contra de la vigilancia y el espionaje ciudadano en una iniciativa encabezada por la plataforma activista EFF ( Electronic Frontier Foundation) Hoy sabemos qué compañías no dudaron en prestarse a la intervención de nuestros datos a pesar de las muestras cara a la galería de compromiso con la trasparencia. Ahora, una vez revelado, la escalada de acciones de algunas de estas compañías se incrementa, como en el caso de Google, que día tras otro trata de desmarcarse de las acciones de la NSA.
Estas organizaciones proderechos, se han agrupado en la plataforma Stop Watching us a través de la que encabezan una serie de iniciativas por la transparencia y conminan a los internautas a que comiencen a conocer los instrumentos y compañías que operan en la red y a una toma de conciencia de la dimensión del asunto. Ya han conseguido enviar 468.935 firmas de ciudadanos exigiendo respeto a su privacidad a las autoridades estadounidenses.
Como hemos visto, el papel de la mayor parte de las grandes compañías de Internet estadounidenses ha quedado en entredicho. Varios de sus miembros han expresado su compromiso con la privacidad y la transparencia respecto a sus usuarios y han pasado a la ofensiva exigiendo al gobierno que les permita ofrecer las peticiones que mediante la legislación FISA (Foreign Intelligence Surveillance Act )de 1978 los obliga a ofrecer dichos datos. Al parecer, este aspecto no se incluía en los habituales informes de trasparencia semestrales que tanto Google como Twitter suelen publicar.
Desde luego el empleo de herramientas libres y software no propietario requiere de una convicción de su necesidad y una implicación para conocerlas y comenzar a desenvolverse con ellas. A cambio dejamos de ser tributarios de empresas con las que no nos identificamos y salimos de un mecanismo que cuando menos nos hace sospechar de hasta qué punto no controla nuestra cotidianidad en la red.
El conocimiento es el primer paso
En su libro Cypherpunks, Julian Assange nos advierte que vamos encaminados a un mundo distópico cada vez más vigilado. En el mismo sentido, afirma que la criptografía es la forma más extrema de la acción directa no violenta. Efectivamente, el compromiso con la libertad debe pasar por un paso activo en defensa de la esfera de lo privado.
Enrique Dans afirma que, en su prólogo a Cypherpunks : “Que Ahmadinejad en Irán, Ben Ali en Túnez o Mubarak en Egipto reaccionasen al uso de la red para movimientos insurgentes intentando bloquearla y tratando de establecer sobre ella un sistema de vigilancia de la población parecía lógico y hasta esperable: que ese movimiento tenga lugar en los Estados Unidos o en muchos otros países con tradición democrática debería resultar completamente inaceptable”
En un artículo sobre servicios seguros señalábamos que ha llegado un momento en el que la ciudadanía debe tomar el control responsable de sus comunicaciones y datos. Efectivamente, es tiempo de una encarar con una actitud activa las redes sociales, conexiones y aplicaciones que empleemos; conocer el nivel de garantía que cada una nos ofrece y hasta dónde estamos dispuestos a ceder nuestros datos.
Como apuntaba al inicio, la edad de la inocencia para ciudadanos y usuarios de internet ha terminado. Tomar conciencia de la realidad en la que nos movemos y optar por un dominio activo de nuestra privacidad, frente a la comodidad y el conformismo respecto a las nuevas tecnologías puede ser la única forma de reconducir un proceso que de lo contrario apunta hacia un futuro oscuro de control como nunca existiera.
imagenCC: mancha232